Una noche desesperada de abril
Me siento parte de un dibujo mal elaborado de un pintor
ebrio, temiendo que en cualquier momento un brochazo errático acabe con mi
existencia; miro perpleja el horizonte sabiendo que no hay salida y que no
puedo esconderme. Me enfrento a lo que más temo pudiendo perderme entre tantos
sentimientos que habitan en el laberinto de mi ser. Eso me aterra pero, esa es mi historia de vida,
una lucha interna, una noche cualquiera, en este caso, de abril, tratando de
escapar del silencio inminente que anuncia que el fin se acerca, que todo
explotará de un momento a otro y acabará conmigo. Les miro y todo se desvanece, guardo celosamente, en mis
adentros, un grito desesperado; intento sonreír y, puedo hacerlo; mientras, una
daga de recuerdos traspasa mi cuerpo; controlo el dolor hasta el punto de
olvidarme de la herida y de mi cuerpo, intento ser otra persona, abandonar mis
recuerdos y sentimientos y, por momentos funciona. Mantengo el control, me siento intocable por algunos minutos y vulnerables por algunos otros. Me aferro a la esperanza de
que todo desaparecerá con el tiempo y se llevará estos sentimientos.

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